El nuevo reglamento europeo de envases: un tímido paso adelante que desnuda la gran mentira de Ecoembes
El próximo 12 de agosto entra en vigor el nuevo Reglamento Europeo de Envases, un hito logrado por años de lucha ecologista que unifica las reglas comunitarias. Es un avance clave como la prohibición de plásticos innecesarios en frutas y verduras de menos de 1,5 kg, la eliminación de sobres monodosis en hostelería y el veto a los tóxicos PFAS (como el Bisfenol A entre otros) en envases alimentarios. Sin embargo, aunque es un paso en la buena dirección, resulta una solución insuficiente frente a la verdadera magnitud de la crisis global de contaminación del plástico.

La intensa presión de las corporaciones petroquímicas y el lobby del envasado ha logrado descafeinar el texto inicial en Bruselas, imponiendo plazos demasiados largos que postergan metas obligatorias hasta 2029 o 2035. Además, se ha introducido una peligrosa «cláusula de escape» que exime del sistema de depósito a los países que declaren recoger separadamente el 78% de sus envases. Esta excepción tramposa parece hecha a medida de los modelos más opacos para seguir aplazando soluciones reales a costa de la naturaleza.
En España, esta trampa beneficia directamente a Ecoembes, cuyas campañas presumen de tasas de reciclaje superiores al 80%, pero que como ha demostrado Greenpeace, son un puro espejismo. Los datos independientes demuestran que apenas se recicla de forma real el 37% de los envases plásticos domésticos, arrojando millones de toneladas a vertederos/incineradoras o al medio ambiente. Esta contabilidad creativa le cuesta además casi 1.700 millones de euros anuales a los ayuntamientos, que asumen con dinero público la basura abandonada.

©Virginia Rabal/Greenpeace
Tampoco podemos dejar que nos engañen con falsas alternativas ecológicas que solo buscan mantener intacto el negocio del «usar y tirar». Sustituir el plástico por bandejas de papel, cartón, madera o bioplásticos desechables sigue siendo un desastre ambiental que exige talar árboles y derrochar ingentes cantidades de agua y energía. La verdadera sostenibilidad no consiste en cambiar el material del residuo, sino en transformar el modelo apostando por recipientes retornables, lavables y rellenables.
Ante este escenario, el Ministerio para la Transición Ecológica no puede ampararse en las dilaciones europeas ni seguir avalando las cifras infladas de las multinacionales. Exigimos la implantación inmediata del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) para devolver el dinero al consumidor al entregar la lata o botella, junto a una auditoría independiente a Ecoembes y cuotas vinculantes de reutilización. Es hora de actuar con valentía y cerrar de una vez por todas el grifo del plástico.
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