Entrada de blog por Mariajo Caballero - 24-06-2026


Ola de calor: los animales y plantas también se cuecen

El verano en España ya no es lo que era. Las olas de calor extremo han dejado de ser anomalías para convertirse en una cruda y asfixiante realidad que se repite año tras año. Sin embargo, mientras los humanos buscamos refugio, nuestros ecosistemas libran una batalla desesperada por la supervivencia. Cuando hablamos de calor extremo, por desgracia, hay muchos puntos diferentes a los que mirar. La salud humana se ve muy afectada. Y la salud de nuestra flora y nuestra fauna también.

La fauna urbana, a temperaturas letales

No hace falta imaginar glaciares del polo norte derritiéndose, lo tenemos mucho más cerca. Empecemos mirando a los tejados. Al levantar la vista en verano, veremos que diferentes especies de fauna urbana sufren al igual que nosotras el rigor del calor. Los nidos de vencejos, golondrinas y gorriones, que se sitúan debajo de tejados de chapa o cemento, alcanzan temperaturas letales y los pollitos, por el estrés térmico, saltan del nido antes de saber volar. 

Gorrión en fuente

Seguro que alguna vez te has encontrado algún pollito en mitad de la acera. Si quieres ayudarle, recógelo, ponlo en una caja de cartón, déjalo lo más tranquilo posible y llévalo a un centro de recuperación. Ah, y muy importante, nunca le des agua directamente, es muy fácil que se ahoguen porque detrás de su lengua tienen una abertura llamada glotis que conecta directamente con sus “pulmones” (que en las aves se llaman sacos aéreos); si el agua entra ahí, pueden ahogarse fácilmente.

La base alimentaria colapsa

Con temperaturas muy elevadas, las abejas dejan de recolectar néctar ya que se pasan el día buscando agua para llevar a la colmena y batiendo las alas para ventilarla y evitar que se derrita la cera. El calor extremo hace que las plantas se sequen de forma prematura y se quedan sin néctar y frutos. Sin insectos ni plantas, se derrumba la cadena alimentaria desde su base.

Las ciudades como refugio para la fauna

El calor extremo hace que se sequen fuentes y arroyos naturales, empujando a veces a corzos, zorros o jabalíes hacia los entornos urbanos en busca de agua, aumentando los atropellos y los conflictos.

Especies que no pueden huir

En otros casos, como el de los anfibios, la rápida desaparición de las charcas estacionales por desecación supone la muerte para ranas y sapos.

En el fondo del mar, los organismos que viven fijados al sustrato tampoco pueden migrar a aguas más frías. Gorgonias, corales, esponjas sufren necrosis y muertes masivas ante un aumento de temperatura continuado en el tiempo.

La tropicalización puede sonar bien, pero es una faena

Al aumentar la temperatura, los peces se desplazan hacia aguas más frías en el norte o a mayor profundidad. El ejemplo más evidente es el del atún rojo, que está cambiando las aguas de Baleares por las del Cantábrico.

El calentamiento del agua, además, es un reclamo para especies invasoras de aguas tropicales y favorece la llegada de las temidas medusas, cuyas gónadas se estimulan con el agua cálida, acelerando su reproducción y el crecimiento de nuevas poblaciones. Además, en años de poca lluvia, el agua de mar pierde la barrera de agua dulce (que llega desde los ríos), con lo que aumenta la salinidad. Así, las medusas no encuentran ningún obstáculo para llegar hasta las playas.

Bosques sumergidos…. y hundidos

La posidonia, auténtica joya del Mediterráneo, ya que almacena CO2, frena la erosión de las playas y sirve de guardería y refugio para más de mil especies, se ve muy afectada por las altas temperaturas del agua. Si persisten, se produce la muerte de estos bosques submarinos dejando desprotegidas las playas ante los temporales.

En el norte, los bosques de algas rojas, de aguas frías, retroceden ante el estrés térmico dejando a decenas de especies de peces y crustáceos sin alimento ni lugar donde desovar.

El calor extremo no es sólo lo que vemos al salir a la calle, está transformando la identidad de bosques, prados y mares poniendo en jaque a muchas especies y sectores económicos que dependen de su buena salud para sobrevivir. ¿Y ahora qué hacemos? Pues además de protegernos del calor, demandar una actuación urgente contra el cambio climático, responsable del aumento de los eventos extremos.

Mariajo Caballero - autor del blog.
Mariajo Caballero
Bióloga especializada en Zoología por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Dirección y Gestión de ONGs por ESADE. Responsable del área de Respuesta Rápida en Greenpeace España. Bluesky: @mariajocaba.bsky.social
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