El calendario de cierre de la central nuclear de Almaraz debe mantenerse
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🔴🔴 ACTUALIZACIÓN 17/07/26 a las 12:07 am 🔴🔴 Nueve activistas han sido detenidas y trasladadas a comisaría.
Esta mañana, activistas de Greenpeace han desplegado una pancarta en el arco de Moncloa con el mensaje de “Pedro, cumple tu palabra. Di NO a la nuclear” para recordarle al presidente del Gobierno que no debe ceder a la presión del lobby energético y empezar el cierre de la central nuclear de Almaraz (Almaraz) en 2027.

El mensaje, como si fuese una nota gigante en la nevera presidencial, le recuerda a Pedro Sánchez su compromiso con el cierre nuclear. En Greenpeace no dudamos de su buena memoria, seguro que se sabe muy bien el calendario de cierres: la primera central nuclear en la lista es Almaraz en 2027 y luego progresivamente el resto de las centrales españolas hasta terminar con Trillo en 2035. También seguro que es consciente de las consecuencias: si no las cierra, el admirado modelo energético español, basado en el sol, el viento y el agua; se va al traste. Además, sabe que para cerrarlas todas hay que seguir desplegando el tridente de la transición: renovables, almacenamiento y redes.
Como en Greenpeace entendemos que tiene encima al oligopolio energético haciéndole una inmensa presión, nuestras escaladoras han querido ponerle el mensaje en grande y cerca de su oficina por si se le olvidara.
Por qué protestamos ahora
Ayer, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) aprobó un informe en el que se detallan las inversiones y condiciones de seguridad necesarias para la extensión de la vida de la planta nuclear de Almaraz, ya que su cierre está previsto (según un calendario pactado en 2019) entre noviembre de 2027 (reactor I) y un año después su reactor II. ¿Por qué ahora quieren mantener la central nuclear abierta? Pues porque sus propietarias, Iberdrola, Endesa y Naturgy; han cambiado de opinión y han presentado una propuesta de extensión de vida de tres años que se debe revisar por el CSN y autorizadas por el Gobierno.
No nos confundamos: por mucha presión que hagan las eléctricas, la decisión de cerrarla no es del CSN. Un cambio en la política energética como sería extender su vida útil es exclusiva del Ejecutivo. Los tribunales ya lo dejaron claro hace años con el cierre de la central nuclear de Garoña, en Burgos. Por eso en Greenpeace nos hemos visto obligados a colgar este inmenso recordatorio. El presidente tiene sobre la mesa una decisión de esas que marcan el rumbo, la economía y la salud de todo un país.

¿Por qué debemos cerrar la central nuclear de Almaraz?
- Por credibilidad: alterar el plan maestro energético de nuestro país, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) y el 7º Plan General de Residuos Radiactivos no es una broma. La credibilidad de nuestro país está en juego. Hay muchas personas, organizaciones, municipios y empresas apostando por energías renovables cuya supervivencia se ven afectadas por esta decisión.
- Por el «efecto dominó»: Si no se cierra Almaraz cuando toca, en 2030 el sistema se vería obligado a cerrar (según el calendario) simultáneamente cuatro reactores (Almaraz I y II, Ascó I y Cofrentes). Apagar 4.000 MW de potencia a la vez es muy difícil de hacer y daría a las empresas propietarias un poder enorme para pedir más prórrogas y negociar mejores condiciones económicas.
- La central nuclear de Almaraz un riesgo para la estabilidad del sistema: Las centrales nucleares, por su tamaño y operativa restringida, han demostrado su incapacidad de impedir o resolver un apagón. De hecho, en el apagón de 2025, los reactores no regularon suficiente la tensión antes del apagón y después tardaron más de una semana en funcionar con normalidad. Además, las centrales nucleares españolas registraron 37 sucesos en 2024, muchos de ellos terminando en un apagado del reactor (lo cual supone muchos problemas para la estabilidad de la red). Si uno de estos grandes generadores se desconecta de repente obliga al resto del sistema a estar siempre alerta con potencia extra disponible “porsiaca”.
- Mantener la planta nuclear de Almaraz significa seguir mandando emisiones en un planeta ya muy caliente: Pese a lo que nos quieren hacer creer, cerrar la central nuclear de Almaraz no implica quemar más gas en plantas eléctricas. Según un estudio que sacamos con la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), el 96,4% de la electricidad que genera Almaraz puede ser sustituida de forma inmediata por energías renovables tras su cierre. Además, la URJC calcula que extender la planta 3 años a medio plazo acumularía hasta 12,3 millones de toneladas de CO₂ adicionales por el parón en las renovables y mantendrá el uso del gas para generar luz.
- Mantener Almaraz aumenta la factura de la luz y bloquea la transición: Según la URJC mantener abierta Almaraz tiene un sobrecoste acumulado de 3.831 millones de euros en la factura de la luz de aquí a 2033. Pero el verdadero crimen climático es el freno a la inversión: prolongar su vida útil bloquearía cerca de 26.000 millones de euros que deberían ir directos a eólica, solar y almacenamiento. Almaraz funciona hoy como un auténtico tapón verde; debido a su rigidez operativa (los reactores nucleares no se pueden apagar ni regular rápido), obliga a desperdiciar 3,8 TWh anuales de energía limpia que no puede entrar en la red, el equivalente al consumos eléctrico de 1,2 millones de hogares durante todo un año
- Mantener la central nuclear de Almaraz aumenta los residuos: Por si fuera poco, prolongar la agonía de la flota nuclear genera toneladas de residuos radiactivos que durarán miles de años y para los cuales la ciencia aún no tiene una solución definitiva. A más funcionamiento nuclear más residuos radiactivos. Si se extendiera una década más de funcionamiento de los siete reactores se van a añadir otras 1.230 toneladas de uranio o 87 contenedores más a los residuos de alta actividad. Solo la extensión propuesta de Almaraz, aumentaría en unas 100 toneladas o 7 contenedores de combustible gastado.
- Mantener Almaraz aumenta la dependencia energética: Además, Almaraz y el resto del parque nuclear no producen energía autóctona. Dependemos de la importación de uranio enriquecido procedente en gran parte aún de la esfera de influencia rusa, lo que destruye cualquier narrativa sobre «soberanía energética». Ahora el uranio se extrae de Kazajistán (66%), de Uzbekistán (11%), de Namibia (9,7%), Rusia (6,3%), de Níger (3,4%), Canadá (3%) y Sudáfrica (0,9%). Es decir, el 83% de la órbita rusa. Además Rusia controla un 28% de los servicios de conversión y el 40% de los de enriquecimiento.

¿Por qué quieren mantener la central nuclear de Almaraz abierta a toda costa?
Simplemente, por poder y dinero.
A Iberdrola, Endesa y Naturgy, en Greenpeace las conocemos bien. Son viejas “amigas” de nuestras campañas y sabemos perfectamente de qué son capaces cuando ven peligrar su hegemonía y sus ganancias. Lo que estamos viviendo con Almaraz es la pataleta de un oligopolio que ve cómo su hegemonía histórica se desmorona.
Con la descentralización de las energías renovables, donde el sol y el viento (y ahora también las baterías) están abriendo el negocio eléctrico a muchísimos más actores (incluido la ciudadanía), las eléctricas pierden el control del interruptor. La defensa numantina de las nucleares no es por el bien del país ni por evitar apagones; es su última trinchera para mantener cautivo el mercado y frenar una transición energética que los deja sin su posición de oligopolio. Quieren que el presidente mande al carajo la planificación energética (y la reputación) de todo un país solo para estirar unos años más sus beneficios a corto plazo.
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