Cómo nuestros alimentos favoritos se están convirtiendo en un lujo inasumible
A pesar de mis esfuerzos por comprar alimentos locales y de temporada, tengo dos vicios irrenunciables: el café y el chocolate negro. No pasa ni un solo día sin que me tome un café solo y devore unas cuantas onzas de chocolate negro 90 %.
Sin embargo, últimamente, mi ritual diario parece menos una rutina sencilla y más un capricho caro. Y seguro que no soy la única persona a la que le pasa. Si compras la comida en el supermercado en lugar de cultivarla tú mismo, casi con toda seguridad habrás sentido el pellizco de la subida de precios.
Un análisis reciente de la Unidad de Inteligencia sobre Energía y Clima (ECIU por sus siglas en inglés) destaca que en el Reino Unido, por ejemplo, los precios de los alimentos podrían ser un 50 % más altos en noviembre de 2026 en comparación con 2021. A nivel mundial, el panorama es tan sombrío como en el Reino Unido. Oxford Economics prevé que los precios de los alimentos podrían subir hasta un 11,8 % en 2026 y un 4,8 % adicional en 2027.
«Las familias destinan alrededor del 20 % de sus ingresos a la alimentación. En los países de ingresos bajos, esta cifra llega a situarse entre el 40 % y el 60 %. Esto significa que la inflación (…) se traduce directamente en saltarse comidas y, en casos extremos, en hambre aguda.»
Antes de que los alimentos lleguen a las estanterías de los supermercados, su precio se fija en los mercados bursátiles mundiales. Cuando los precios al por mayor de los cultivos básicos como el trigo, el azúcar, la soja y el maíz se disparan, es seguro que les seguirán precios más altos en la caja del supermercado. El precio de las materias primas de los cereales subió un 17 % en un año, mientras que el del azúcar aumentó casi un 15 %.
¿Por qué se está encareciendo tanto la comida?
El lema del Día Mundial de la Alimentación de este año nos recuerda cómo «innovar hoy para alimentar mañana», pero también deberíamos pensar en cómo alimentar a la población con comida sana y asequible en el presente. Nuestro sistema alimentario moderno es muy frágil. Se apoya en una cadena de suministro larga y vulnerable que se rompe fácilmente cuando se producen perturbaciones globales.
Estos tres factores principales están empujando los precios al alza:
- Dependencia de los combustibles fósiles: la agricultura industrial depende en gran medida del petróleo y del gas para hacer funcionar los tractores, fabricar envases de plástico y producir fertilizantes químicos. Cuando los precios del petróleo y del gas suben, el coste de cultivar alimentos se dispara.
- Fenómenos meteorológicos extremos: el cambio climático y las condiciones meteorológicas adversas, como el fenómeno de El Niño, traen olas de calor récord, sequías devastadoras e inundaciones repentinas. Cuando el mal tiempo destruye cosechas enteras, la comida se vuelve más escasa y cara.
- Perturbaciones geopolíticas: las guerras y los bloqueos en los principales puntos estratégicos del comercio, como las rutas marítimas clave del mar Negro o el estrecho de Ormuz, frenan exportaciones de grano y aceite de girasol, reduciendo el suministro mundial.

¿Quiénes son los más perjudicados?
Las familias destinan alrededor del 20 % de sus ingresos a la alimentación. En los países de ingresos bajos, esta cifra llega a situarse entre el 40 % y el 60 %. Esto significa que la inflación de los alimentos afecta de forma muy distinta a las personas según dónde vivan. Para millones de familias en todo el mundo, esto se traduce directamente en saltarse comidas y, en casos extremos, en hambre aguda. Para otras, significa comprar la cesta básica de la compra con tarjetas de crédito, esquemas de «Compra ahora y paga después» (BNPL) o descubiertos bancarios.

¿Quién se beneficia de la subida de los precios de los alimentos?
Mientras las familias de a pie sufren para poder permitirse la compra básica, los gigantes de los combustibles fósiles, las empresas de fertilizantes químicos y los grandes monopolios del comercio alimentario se están embolsando ingresos históricos a costa de esta crisis.
Al mismo tiempo, los especuladores financieros apuestan por los precios futuros de las cosechas. Esta especulación bursátil infla los costes de forma artificial, beneficiando a inversores adinerados mientras la gente de a pie y los agricultores que trabajan duro pagan el plato roto.
¿Cómo solucionamos esta crisis alimentaria?
No tenemos por qué conformarnos con un sistema alimentario roto y propenso a las crisis. Ya existe una solución más resiliente y natural. Para España, desde Greenpeace hemos presentado esta propuesta: un modelo alimentario basado en la producción sostenible de alimentos.
La agroecología es una forma de agricultura que trabaja a favor de la naturaleza en lugar de depender de productos químicos sintéticos. En vez de plantar cientos de hectáreas con un solo cultivo y una sola variedad—que puede quedar completamente destruido por una sola tormenta—, los agricultores agroecológicos incluyen prácticas que mejoran el suelo, el uso y la calidad de agua y la biodiversidad, además de cultivar con cultivos más diversos y adaptados al contexto local. Si el calor extremo acaba con un cultivo, otros sobreviven garantizando la cosecha. Sustituye la ganadería industrial intensiva por explotaciones más familiares, donde los animales se alimentan mayoritariamente con recursos existentes en el territorio y no dependen de los insumos externos, la principal causa de la fluctuación de precios en este sector.

No estamos atados de pies y manos. Alzando la voz, podemos construir un sistema alimentario más justo y asequible:
- Exigir medidas a los gobiernos: podemos presionar a los líderes para que bajen los impuestos y concedan subvenciones a los alimentos locales, ecológicos y de origen vegetal, haciendo que comer sano sea asequible de inmediato. A largo plazo, las políticas públicas deben financiar a los productores en su transición hacia la agricultura ecológica y la ganadería extensiva de base agroecológica, y a la pesca de bajo impacto ambiental y alto valor social.
- Votar con el bolsillo: cambia el mercado hoy mismo comprando alimentos locales, de temporada, y en la medida que puedas, ecológicos, comprando en mercados de productores, reduciendo el consumo de alimentos de origen animal e incorporando más comidas de origen vegetal en tu dieta.
Cuando millones de personas actuamos juntas, los gobiernos y las corporaciones no pueden ignorar la demanda de alimentos asequibles y un planeta sano. Con las políticas alimentarias adecuadas, podremos permitirnos la cesta habitual de alimentos e incluso seguir disfrutando de nuestros alimentos favoritos sin arruinarnos.
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