España es uno de los países de la Unión Europea más afectados por los incendios forestales, un problema que amenaza con intensificarse debido a los efectos del cambio climático

En más de un
96%

de los incendios con causa conocida en España, el fuego es ocasionado por el ser humano

2012

fue el peor año de la década en cuanto a incendios
Ese año ardieron
216.893
hectáreas,
una extensión equivalente a la provincia de Vizcaya
Incendio en la Sierra da Estrela, Portugal Un bombero da indicaciones mientras las llamas del fuego devoran un bosque tras él.

El problema

El fuego es un elemento natural que necesita nuestro ecosistema para la regeneración de bosques y montes, pues aporta estrategias rebrotadoras y de germinación tras su paso. Sin embargo, ha dejado de ser una perturbación natural que modela el paisaje para convertirse en una terrible amenaza que en más de un 96% de los incendios de causa conocida en España está ocasionada por el ser humano.

La falta de prevención es un problema fundamental. Este factor, junto con el abandono rural y otras dificultades estructurales, ha generado un aumento de incendios forestales altamente peligroso, no solo para la biodiversidad, sino también para la seguridad de la población.

Por otra parte, el calentamiento global está maximizando las peores consecuencias de los incendios, haciéndolos más intensos y generando más dificultades en las labores de extinción.

Además de España, otros países del ámbito mediterráneo como Portugal, Grecia, el sur de Francia o Italia también los sufren especialmente. A pesar de que es un problema de primer orden, no existe una política forestal comunitaria.

La solución

Hay que afrontar las causas para prevenir las consecuencias:

  • Mayor esfuerzo en la persecución de las personas que queman el monte, es fundamental reducir la altísima siniestralidad.
  • Mejorar la gestión forestal preventiva es un factor determinante en la lucha contra los incendios en nuestro país, ya que puede evitar las peores consecuencias de éstos. Una de las actuaciones más efectivas que proponemos es la reducción de biomasa (con la recogida de leña, una producción sostenible de energía, etc.), teniendo siempre en cuenta el funcionamiento de los ecosistemas y la necesidad de respetar la diversidad estructural del bosque.
  • Resulta fundamental desarrollar modelos selvícolas (es decir, de gestión de las masas forestales) que tengan en cuenta el cambio climático y que, además de imitar al máximo el funcionamiento de la naturaleza, favorezcan la diversidad genética y específica y reduzcan la densidad de arbolado. Solo de esta manera nos aseguraremos poder disponer de un entorno forestal sano, resistente no solo a los incendios sino a otras amenazas como plagas o enfermedades.
Un bombero da indicaciones mientras tratan de apagar las llamas del fuego en el incendio de Montserrat, en las proximidades de Valencia Bomberos forestales en el incendio de Ejulve, en la provincia de Teruel, Aragón

Qué está haciendo Greenpeace

Las soluciones han de ir en varias direcciones y tener una visión a medio y largo plazo, pues las causas son diversas y complejas. Por eso en Greenpeace luchamos para que se mejore la prevención y se trabajen los problemas subyacentes ya desde hace décadas:

  • No por tradicional es menos peligroso. El uso del fuego como herramienta de gestión forestal (para la quema de rastrojos, ampliación de pastizal para ganado, etc.) en el medio rural está muy extendido, incluso permitido, pero representa un riesgo potencial que debe ser erradicado.
  • Greenpeace está sensibilizado con el gremio de los bomberos forestales, muy exigidos en la extinción pero con una notoria precariedad en las labores de prevención, las más importantes, donde se destinan escasos recursos.
  • La falta de información, recursos y conocimientos, así como los planes locales de emergencia y asesoramiento a los propietarios de fincas en el monte y vecinos de entornos forestales, campings o urbanizaciones y casa aisladas, supone un riesgo para todos sus usuarios.
  • Quizá el factor diferencial es la disposición y actitud de las administraciones públicas, las cuales poseen todas las capacidades y responsabilidades en el ámbito de la legislación, gestión, investigación, dotación de recursos y participación en los procedimientos penales. También en las campañas de sensibilización a los ciudadanos. Y sin embargo, seguimos trabajando en exigir su mayor implicación tanto en las labores de prevención como de transparencia, ya que si la causalidad humana es clara, las detenciones y condenas por estos atentados contra el patrimonio natural son escasos.