Entrada de blog por Carlos Garcia Paret - 03-06-2026


Día de la sobrecapacidad en España: ecotopías aquí y ahora

Como cuenta Estela Ortiz, durante demasiado tiempo han vendido que la «buena vida» consistía en consumir más, crecer sin límite y acumular beneficios individuales. Pero estamos abriendo los ojos a lo que verdaderamente importa: más tiempo libre, una comunidad fuerte en la que apoyarnos, derechos blindados y el verdadero lujo público al alcance de todos.

Hoy es el día de la sobrecapacidad en España y tenemos una mala y una buena noticia. Hoy hemos agotado todos los recursos que teníamos asignados como sociedad. El “Spanish way of life” ha hecho “catacrack”. Teniendo en cuenta que el 75% de nuestra energía consumida es fósil y la subvencionamos a mansalva, que tenemos 26 millones de coches en circulación, que uno de cada cuatro cerdos en Europa son españoles y que nos hemos flipado con atraer 100 millones de turistas en plena crisis energética…, ¿qué esperábamos? Es algo que venimos contando cada año.

Y como cada año, nos negamos a aceptar que la solución sea un planeta huevo frito y que los ricachones se vayan a Marte o se metan en un búnker. Y esa es la buena noticia: tenemos dinero, tenemos soluciones y tenemos poder para cambiar las cosas.

¿Qué pasa hoy, Día de la sobrecapacidad en España?

Hoy, 4 de junio, es el Día de la Sobrecapacidad en España. Es la fecha en la que hemos consumido todos los recursos naturales que el planeta es capaz de regenerar en un año. Esto quiere decir que si toda la humanidad viviera con nuestro nivel de producción y consumo, hoy nuestra huella ecológica habría agotado el presupuesto de la Tierra. Dicho de forma más sencilla: para mantener en marcha la máquina necesitamos casi dos planetas y medio (2.35 según los últimos datos) y esto es un problema para mucha gente en el Sur Global y para las futuras generaciones que sufren y sufrirán este impacto. Pero también para ti, que estás en medio de un tinglado en el que cada vez te cuesta más todo y pasas un calor insufrible.

Si observamos la evolución histórica (gráfico de abajo), la huella alcanzó su máximo con el pico de la burbuja inmobiliaria en 2007, cuando llegamos a requerir 3.61 planetas. Y aunque desde la pandemia hemos ido mejorando a fuerza de cerrar centrales de carbón, instalar renovables y comer algo menos de carne, seguimos viviendo a costa de los recursos que le corresponden a otros países y a las generaciones futuras. Es decir, nos seguimos endeudando ecológicamente.

En el tablero global de la huella ecológica, evidentemente nuestras vidas no impactan al mismo nivel que la del “trillonario” Elon Musk, y aquí no estamos tan mal como en Qatar, cuya peña consume de media 9 planetas con un modelo fósil y elitista. Pero podríamos aprender de Uruguay, que demuestra que tiene un 98% de electricidad renovable, mantiene niveles mínimos de pobreza extrema gracias a un sistema fiscal redistributivo y apenas se han pispado de qué pasa en Ormuz.

El derrotismo medioambiental como estrategia

En este estado de cosas sentimos malestar y parálisis, y no es casual. Estrategas ultras como Steve Bannon han teorizado sobre «inundarlo todo de mierda», es decir, saturar el debate de ruido y caos informativo para que la sociedad quede abrumada y bloqueada. ¿Te suena que alguien haga esto? Esta peña mega rica y poderosa hace tiempo que ha entendido que el modelo actual de crecimiento infinito no se puede sostener y se han puesto en modo acaparar recursos a saco, a proteger sus privilegios, construir muros, negar la crisis climática, hacer guerras… Se apresuran a comprar redes sociales y medios de comunicación porque necesitan controlar tu mente y tu bolsillo. Y aprovechan el río revuelto para activar lo que Naomi Klein e Isabella Weber llaman la «teoría del shock» y la «inflación de la codicia»: desregular, recortar, precarizar y acumular beneficios extraordinarios mientras el resto no llega.

Y mientras algunos lunáticos egoístas nos empujan al abismo, voces femeninas como las de Jane Goodall o Vandana Shiva y los pueblos y comunidades indígenas nos recuerdan que somos naturaleza y que el alma humana es profundamente cooperativa.

Ecotopías aquí y ahora

La clave está en entender que esto no va solo de poner paneles solares o de comprarte un eléctrico. Necesitamos ir un paso más allá. Y esta es la buena noticia que te prometimos: es posible el bienestar dentro de los límites del planeta. Greenpeace ha demostrado recientemente que podemos tener energía para vivir mejor y un modelo alimentario sostenible. Solo nos falta llegar a un acuerdo que lo haga viable: un Contrato Social Verde para “llegar a final de mes” y evitar “el final del mundo”. ¿En dónde está escrito que para enfriarse, comer, moverse y divertirse necesitamos arruinarnos y destruir el planeta?

4 nov Arroyomolinos de León Tour Renovables en tus manos YA, La energía del cole. ©Greenpeace/Mario Gomez
Empecemos por un Contrato Social Verde

No queremos que te eches encima el peso de un sistema perverso a las espaldas, pero sí te proponemos que acompañemos los cambios que necesitamos y nos ayudes a avanzar en las soluciones que necesitamos urgentemente:

  • El transporte público, un pilar del Estado del Bienestar: 5 millones de personas en España (10,2% población), no lo utiliza porque no hay en su zona, la frecuencia es baja o los horarios no encajan con su vida cotidiana. La solución es que exista una garantía de movilidad sostenible y un abono único de transporte público (T-Lleva) a precios asequibles para todo el territorio, eliminando las barreras entre regiones y reduciendo la dependencia del coche. ¡¡Pídelo!!
  • Vivir en casas dignas y sostenibles: está a nuestro alcance pararles los pies a los especuladores, tener un parque público y rehabilitar energéticamente 10 millones de viviendas con “Tu llave de la vivienda digna”. Solo con esto sacaríamos el gas de los hogares, nos ahorraríamos  4.175 millones de euros en las facturas energéticas -el equivalente a la factura anual de la luz de cinco millones de hogares de forma permanente – y crearíamos 350.000 empleos sostenibles. ¡¡Movilízate!!
  • Comer sano y salvar el campo: hay que pasar de las macrogranjas de exportación y los fondos buitre a un modelo 100% agroecológico. Esto implica apoyar a los 250.000 pequeños agricultores con ayudas y un «bono climático» para que transformen sus tierras en sistemas que regeneren el suelo y produzcan alimentos de proximidad. Con una PAC más justa, fomentando los mercados locales, con una reducción drástica del desperdicio y fomentando la compra pública ecológica y menús sanos es posible.
  • Regenerar los ecosistemas como Doñana, el Mar Menor, la Albufera y las zonas dañadas por los incendios. Más de la mitad del PIB depende de la naturaleza y los estudios señalan que por cada euro invertido hay un retorno que oscila entre 8€ y 38€. Sin naturaleza, no tenemos clima seguro, alimentos saludables y agua disponible.
  • Energía limpia en manos de la gente y multiplicar el número de comunidades energéticas renovables y del autoconsumo para millones de personas. Además, si sumamos la eficiencia y suficiencia, podemos reducir la demanda de energía un 39% a 2040, reduciendo el derroche energético más contaminante y el reparto injusto de recursos. 
  • Empezar a adoptar medidas ya y proteger a la población de la avaricia fósil de Trump y Putin. Hemos pedido a todas las administraciones que pongan en marcha ya un Escudo Social Verde para ahorrar energía, dinero y avanzar en la transición.   
  • Que quien contamine y se forre, pague: Es hora de parar de financiar con nuestros impuestos la destrucción y a los codiciosos. Y es que dinero hay e ideas para conseguirlo no nos faltan: eliminar subvenciones fósiles, impuestos a vuelos VIP, a los beneficios de las petroleras, a las viviendas vacías y pisos turísticos y a los multimillonarios…

El Contrato Social Verde es, en el fondo, nuestra herramienta para asegurar el bienestar colectivo, recortar las desigualdades y devolverle el equilibrio a la naturaleza, blindando nuestro futuro común. Construir esta nueva sociedad no solo es urgente; es la mejor oportunidad que tenemos para empezar a vivir bien de verdad.

¿Empezamos?

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