Para poder combatir con éxito el cambio climático y la amenaza nuclear necesitamos poner a las personas y el planeta en el centro de cómo producimos, consumimos y distribuimos la energía: 100% renovable, eficiente, inteligente y en manos de la gente.

España cuenta con un potencial renovable suficiente para abastecer más de
56
veces
la demanda eléctrica peninsular para 2050
Un sistema eléctrico basado al
100%

en renovables es técnicamente posible y económicamente asequible
Con un modelo energético basado en renovables, España podría ahorrar más de
200.000
millones de euros
al año de media.

El problema

Si bien se está produciendo un cambio en el sistema energético, su ritmo es demasiado lento. Para que la transformación del modelo energético ocurra a la velocidad necesaria para salvar el clima es imprescindible que millones de personas participen en ella produciendo, intercambiando, almacenando y gestionando energías renovables, tanto de forma individual como colectiva.

España fue líder mundial en energía fotovoltaica en 2008, pero la nueva legislación imperante desde 2010 ha ido destruyendo un futuro prometedor, perdiéndose decenas de miles de empleos en pocos años —cuando en todo el mundo se han triplicado— y sembrando serias dudas en la Comisión Europea sobre el cumplimiento español de los compromisos internacionales.

Mientras las formas de producción, distribución y comercialización colectiva de energía en manos de la ciudadanía emergen como una tendencia clave en el sector renovable en muchos países, los ciudadanos energéticos españoles se enfrentan a continuas barreras económicas, administrativas y legales, como el famoso ‘impuesto al sol’ a pesar de que el 30% de la ciudadanía se declara altamente predispuesta a participar en la transición energética.

«2016 fue el cuarto año consecutivo en que prácticamente no se instalaron energías renovables en nuestro país»
Paneles solares en Sanlúcar la Mayor, cerca de Sevilla Torre solar en Sanlúcar la Mayor, cerca de Sevilla

La solución

La solución pasa por construir un nuevo sistema energético en el que se reemplacen los combustibles sucios (carbón, petróleo, gas y uranio) por energías renovables y se apueste por la eficiencia y las soluciones tecnológicas inteligentes que aseguren una transición justa para los trabajadores y las comunidades que actualmente dependen de las energías sucias.

Se trata de un modelo en el que el control sobre la energía no es un privilegio de las grandes empresas energéticas, sino donde cada hogar podría ser dueño de su energía, que pueda producir, consumir, acumular e intercambiar a su justo valor y en libertad. Esta transición energética ya está ocurriendo en muchos lugares del mundo y Greenpeace defiende el derecho ciudadano a formar parte de ella y a disfrutar de sus beneficios. Es obligación de todos los gobiernos impulsarla, priorizando así el interés general, la lucha contra el cambio climático y el abandono de las energías sucias.

Por otro lado, la apuesta total por las energías renovables no solo es la opción más segura para el planeta, sino también para la economía. Un modelo basado mayoritariamente en energías renovables y ahorro energético crearía más de 3 millones de puestos de trabajo en el Estado español, incrementaría en dos puntos anuales el PIB y disminuiría la la factura energética en un 34% con respecto a las del 2012, todo esto para el año 2030.

Hace falta voluntad política y empresarial.

Qué está haciendo Greenpeace

Greenpeace ha sido pionera en demostrar, mediante la elaboración de una serie de informes, que la revolución energética no solo es posible sino que es viable en pocas décadas. Los informes ‘Renovables 2050’, ‘Renovables 100%’, ‘Energía 3.0’ y ‘Canarias 100% renovables’ aclaran que en España existen soluciones para satisfacer nuestras necesidades energéticas y que es posible ponerlas en marcha con la urgencia que requiere un problema de la magnitud del cambio climático.

Además, el informe ‘Energía colaborativa’ recoge por primera vez la elevada predisposición de la ciudadanía a ser parte del cambio. Esto nos anima a seguir presionando a políticos y empresas para que se reconozca el derecho y la necesidad de reemplazar el actual sistema corporativo basado en los combustibles fósiles y la nuclear por uno que pone a las personas y a la justicia económica a la vanguardia de la transición con un sistema energético 100% renovable, eficiente e inteligente. Y a catalizar las soluciones ciudadanas que permitan el cambio que queremos ver para salvar el clima.